Cuentos y relatos

La noticia que nunca cubrí

No recuerdo ya cuántos atentados, operaciones militares, teorías conspiratorias o crisis abordé en Pakistán. Ni cuántas veces me pregunté dónde podría estar Osama. Tuve allí tres años muy intensos en los que conocí de primera mano muchas de las realidades del país.
Una formidable escuela de periodismo que sin duda me ha marcado.
Y ayer, casi seis meses después de mi marcha, asistí desde la lejanía a la noticia quizás más importante de la última década. Uno de esos acontecimientos que todo ser periodístico desea presenciar. Un auténtico “tsunami” informativo, como bien describió un colega en la red social.
Una amiga del gremio con la que coincidí un tiempo en Islamabad pero que ayer se encontraba en un lugar distinto al calor de la revolución en el mundo árabe se tiraba de los pelos. “¿Crees que debo regresar?”, me escribió en un mensaje. “Claro”, dije. Mi respuesta no pudo ser más sentida.

Aunque ya no trabajo en Islamabad, ahora lo hago en Nueva Delhi, y desde esta ciudad, que es la sede de la delegación de Efe en el Sur de Asia, coordinamos la información de Pakistán y ayudamos a nuestro magnífico corresponsal y gran amigo, Agus Morales.
Pero ayer, para rizar el rizo, me tocaba librar, lo que contribuyó a aumentar mi frustración. Así que me pasé el día en casa sentado en el sofá, haciendo zapping entre la CNN y la BBC, leyendo las actualizaciones de las ediciones digitales, las notas que mis compañeros de la agencia iban enviando a la línea, o colgando mensajes en Facebook sobre el notición.
En definitiva, estuve horas interminables comiéndome las uñas y aburriendo a mi pareja porque un gusanillo en el estómago, un cosquilleo electrificante me convirtieron en el peor compañero de piso, en el amante más descuidado, y me mantuvieron toda la jornada intranquilo y pegado a la blackberry, tal vez deseando que los días libres dejaran de existir.

Osama no se refugiaba armado con su kalashnikov en una cueva lúgubre de una árida montaña en el lugar más recóndito de las indómitas áreas tribales fronterizas con Afganistán, como seguramente estaba en el imaginario de la mayoría.
Resulta que se encontraba en una mansión de la ciudad paquistaní de Abbottabad, una zona de media montaña a tres horas en coche de Islamabad y con uno de los climas más agradables de todo el país, especialmente ahora que en esta parte del mundo el termómetro alcanza temperaturas insufribles.
El terrorista más buscado se escondía en una ciudad que yo había visitado varias veces. La primera de ellas en uno de los primeros viajes que hice con mi actual pareja, quien desde allí curiosamente había ayudado en las tareas de asistencia a los afectados por el terremoto que en 2005 arrasó la región vecina de Cachemira.
La última vez que estuve fue el año pasado, cuando fui a hacer un reportaje sobre las primeras mujeres oficiales del Ejército de Pakistán, quienes se forman en la academia militar de Kakul, la más importante del país y ubicada en Abbottabad.

Con melancolía recuerdo que aquella no fue una jornada fácil. Al trasiego de las entrevistas y la grabación de los recursos audiovisuales se unieron las manifestaciones de lugareños, que bloquearon las principales arterias viarias en protesta por una reforma constitucional que favorecía a una etnia distinta a la suya.
Entretanto, el último gran atentado de corte sectario había dejado ese mismo día decenas de víctimas en otro punto de Pakistán, pero yo estaba colgado sin poder regresar a Islamabad con quien entonces era mi asistente, Waqas Ahmed.
Me refugié en un hotelucho de mala muerte y, a duras penas, conseguí durante unas horas reunir detalles del ataque por teléfono para arreglar el descosido.
Ya entrada la noche, cuando murieron las protestas, puse rumbo de vuelta a Islamabad cansado, aturdido y sin siquiera imaginar que la persona cuyo paradero ha suscitado tantos quebraderos de cabeza en la última década había estado delante de mis narices. Justo delante.

Aquí os dejo los enlaces a la cobertura de la muerte de Bin Laden hecha por mi compañero:

crónica

análisis

contracrónica

1 reply »

  1. Igor!!!
    Una de les primeres coses que vaig pensar quan vaig conèixer la notícia va ser: “pobre Igor, vaia putada!”… En fi, aquesta notícia ja no la podràs cobrir mai, però segueixes estan al peu del canó i fent un periodisme envejable! Així que ànims i molts petons des de Barcelona! Ens veiem aviat!

    Laia.

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