Postales y diarios de viaje

Postales bálticas

Reportaje fotográfico tras dos semanas de viaje por la Triciudad del norte de Polonia: Gdansk, Sopot y Gdynia son tres ciudades pegadas una a otra y ubicadas junto a la desembocadura del río Vístula en la costa del mar Báltico. También se incluyen momentos en la cercana península de Hel, en la histórica Malbork y en Varsovia, la impresionante capital polaca.

Fuente con una estatua de un hombre sosteniendo un tridente, frente a edificios de estilo arquitectónico clásico en una plaza iluminada por el sol.

Este verano pasamos un par de semanas en el norte de Polonia. Huíamos del calor de Barcelona hacia un lugar donde las temperaturas son mucho más suaves. Nos alojamos en un par de lugares distintos de la conocida como Triciudad: las ciudades de Gdansk, Sopot y Gdynia, una mancha urbana que se sitúa junto a la desembocadura del río Vístula en la costa del mar Báltico. Cada una de estas urbes tiene una identidad muy diferente. El centro de Gdansk, la primera ciudad en la que estuvimos, es hermoso. Polonia ha demostrados gran capacidad para acometer complejas obras de reconstrucción, y hoy en día se pueden ver decenas de edificios impresionantes: las fachadas estrechas, ornamentadas y de colores pastel de las casas están inspiradas en los estilos hanseático, renacentista y barroco.

Gdansk es un importante centro industrial y marítimo de Polonia, impulsado por la construcción naval y la energía eólica marina. En las décadas de 1970 y 1980, Gdansk fue el epicentro de importantes luchas obreras; los trabajadores, liderados por el emblemático Lech Wałęsa y el movimiento Solidaridad (Solidarność, en polaco), lograron la victoria de crear sindicatos y defender sus derechos, aunque poco después Polonia cayó bajo un régimen de ley marcial.

Gdansk y la región de Pomerania a la que pertenece han sido territorios en disputa a lo largo de la historia. La Segunda Guerra Mundial en Europa comenzó en esta ciudad (entonces conocida como Danzig) en 1939, cuando la Alemania nazi atacó el depósito militar polaco de Westerplatte. Durante la guerra, la ciudad sufrió una gran destrucción, especialmente hacia el final, a manos de la Unión Soviética. Hoy en día, alberga un museo impresionante sobre la Segunda Guerra Mundial en el que incluso se han recreado calles a tamaño real.

Tanque militar en un edificio en ruinas con grafiti que dice 'ЗА СТАЛИНА! -230'. Iluminación en tonos morados.

En los alrededores de Gdansk se encuentra Stutthof, un antiguo campo de concentración y exterminio al que los nazis llevaron a decenas de miles de personas. Se estima que más de 60.000 de ellas fueron asesinadas, la mitad de las cuales eran judías. Hoy en día es posible visitar el lugar y hacerse una idea de las horribles condiciones en las que se mantenía a los detenidos. No es una visita agradable, pero sin duda es necesaria para aprender de los errores de la historia, algo que en realidad no estamos haciendo.

Vista de un campo de concentración con una torre de vigilancia negra y cercas de alambre, bajo un cielo azul despejado.

El ladrillo rojo está presente en todas partes en las construcciones de la zona del mar Báltico. Esta es la estación central de Gdansk, que visitábamos con mucha frecuencia. Los trenes en Polonia son excelentes: no son muy caros y te pueden llevar a casi cualquier lugar.

Plataforma 23B de una estación de tren con un edificio histórico al fondo y vías de tren visibles.

Nuestra siguiente parada fue la ciudad de Gdynia. Estuvimos varios días, a través de la plataforma Home Exchange, en la casa de una anfitriona polaca en un barrio periférico llamado Oksywie. El apartamento estaba a sólo unos minutos a pie del mar. Las temperaturas nunca superaron los 24 grados, así que no nos atrevimos a nadar, pero disfrutamos viendo a los elegantes cisnes que se acercaban a la orilla.

Vista del mar con dos cisnes nadando y un cielo azul despejado con nubes.

En el puerto de Gdynia se pueden ver enormes barcos tradicionales, algunos de los cuales se han convertido hoy en día en atracciones: funcionan como museos o navegan por la costa llevando turistas. La costa de Gdynia se vuelve abrupta en cierto punto, donde los acantilados boscosos de Orłowo ofrecen unas vistas impresionantes de la zona. En la selección de imágenes también se puede apreciar a unos turistas típicos en Polonia, a Luisa observando una gaviota báltica y un detalle de la gastronomía local: el famoso codillo de cerdo.

Entre Gdynia y Gdansk se encuentra la ciudad de Sopot, que un guía local comparó con lo que representan Santander y San Sebastián en España. Con su casino, hoteles elegantes, spas, largas playas punteadas de restaurantes, casetas y otros atractivos, Sopot fue en su día un destino importante para las vacaciones de las familias reales y nobles. Hoy en día, muchas familias acuden aquí para pasar unos días y comer gofres y helados (gofry y lody, en polaco). Nunca había visto tal concentración de establecimientos dedicados a ello. Visitamos Sopot a principios de septiembre, cuando las temperaturas en el norte de Polonia ya habían empezado a descender gradualmente y apenas había ya un día sin lluvia ligera (o no tan ligera). El paraguas fue nuestro fiel compañero.

Otro día visitamos Malbork, situado a unos 84 kilómetros de Gdynia. Esta pequeña localidad fue un importante centro de poder durante siglos, después de que los caballeros de la Orden Teutónica comenzaran a construir allí —hace unos siete siglos— un impresionante castillo que cambió de dueño en distintas épocas y que hoy es el castillo de ladrillo más grande de Europa.

Vista exterior de un castillo rodeado de árboles y muros de ladrillo bajo un cielo nublado.

En el castillo de Malbork hay muchas referencias a la Virgen María, como una escultura de 8 metros de largo. El complejo conserva una enorme colección de armas: dagas, ballestas, armaduras, espadas… Aunque muchas pinturas y ornamentos se perdieron en distintos momentos de la historia, los polacos son tales maestros de la rehabilitación y la reconstrucción que todavía se pueden contemplar grandes obras en el castillo de Malbork. La iglesia principal sufrió graves daños por los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial, pero ha sido restaurada y se pueden apreciar los ladrillos originales en rojo y las partes nuevas en blanco. Otras imágenes muestran una enorme enredadera y una ventana casi devorada por la vegetación, así como una colección de grandes pedazos de ámbar. Polonia y los países bálticos producen el 70 % del ámbar mundial.

Pasamos una tarde en Oliwa, un histórico y frondoso distrito residencial en el norte de Gdańsk, conocido por sus espacios verdes, su ambiente académico y su mezcla de encanto del viejo mundo y modernos centros de negocios.

Tren ligero en una vía con edificios y árboles al fondo bajo un cielo nublado.

El parque de Oliwa es increíble. También hay un zoológico, que es más bien un parque natural en medio de un bosque, ya que sobre todo los mamíferos tienen mucho espacio para moverse.

La península de Hel tiene más de 30 kilómetros de largo y en las zonas más estrechas puede tener sólo unos 100 metros de ancho, aunque hacia el final sube a 3 kilómetros. Está surcada por bosques de pinos y la mayor parte se puede recorrer en bicicleta ya que hay agradables carriles y puedes alquilar las bicis en cualquier pueblo, como Jastarnia, Jurata o Hel. En Hel, situada en el extremo, es una pequeña localidad pesquera. Mucha gente aprovecha los fuertes vientos del Báltico para practicar windsurf y, como no puede ser de otra manera, en esta península también hay preciosos muelles de madera transitables. En la ciudad de Sopot se encontraba uno de los más grandes del mundo, pero el de Jastarnia no estaba nada mal.

Para cerrar nuestro viaje por Polonia, visitamos la impresionante capital del país, Varsovia. Justo frente a la estación central de trenes se alzan enormes rascacielos.

Vista de un grupo de rascacielos en una ciudad con cielo nublado, incluyendo edificios de vidrio y un coche aparcado en primer plano.

Puedes subir en ascensor hasta la planta 30 del Palacio de la Cultura y la Ciencia de Varsovia para disfrutar de unas vistas impresionantes de esta inmensa ciudad de unos dos millones de habitantes, con una densidad de población seis veces menor que la de Barcelona. Varsovia también sufrió una gran destrucción durante la Segunda Guerra Mundial. En 1945, más del 90 % del centro histórico estaba en ruinas. Sin embargo, como ya hemos comentado, los polacos son maestros en la reconstrucción y hoy en día es posible percibir, en cierta medida, el estilo que la ciudad solía tener. Hay varios relojes solares y relojes astronómicos en Varsovia, muchos parques enormes, y también algunas chocolaterías excelentes. La capital polaca está muy bien comunicada gracias a una combinación de tranvías, metro, autobuses y otros servicios.

El Parque Łazienki, o Parque de los Baños Reales, es el parque más grande de Varsovia y ocupa 76 hectáreas del centro de la ciudad. Hay innumerables ardillas, patos y otras aves como majestuosos pavos reales. En la galería también se aprecia a una pareja polaca trabajando en el álbum de fotos de su boda.

Y con este osito polaco ataviado con la omnipresente bandera polaca blanquirroja nos despedimos. Do widzenia! Dziękuję, Polsko!

Estatua de un oso con una bandera polaca y flores en un entorno natural con árboles.

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