Postales y diarios de viaje

Se marchó el solete

En el momento en que ayer falleció mi abuela yo estaba a miles de kilómetros escribiendo sobre muerte, sobre un tipo de muerte dolorosa y a destiempo. Pensé que mi abuela, que se llamaba Eduarda, murió por el contrario de mucho mejor manera que los once afganos a los que poco antes dos bombas habían segado la vida en ese país en conflicto. Ellos no habían decidido irse de este mundo, lo habían decidido otros. A esos afganos quizás les quedaban todavía un sinfín de alegrías, discusiones, penas y sueños de los que alguien les había privado prematuramente por alguna estúpida razón.

Cuando ayer murió mi abuela, ya acercándose al siglo de edad, pensé que había gastado su vida y que se había marchado tranquila, sin sobresaltos, con la misión cumplida. Me pareció que había vivido intensamente, con la mirada al frente y el zurrón lleno de experiencias. Me dio la impresión de que lo debió hacer muy bien, pues a sus espaldas deja más de una docena de hijos y una veintena de nietos que ya la están echando mucho de menos y que, seguramente, esbozarán una sonrisa siempre que la recuerden.

Cuando mis primos y yo éramos pequeños y hacíamos nuestras travesuras en el parqué de casa o jugábamos a las chapas en el rellano, a la abuela le gustaba llamarnos “soletes”. Curiosamente, el “solete” lo era en realidad ella. Un sol radiante en torno al cual giraba y tomaba calor una gran familia, cuyos miembros, que se desperdigaron por lugares más lejanos o cercanos, acababan eventualmente acudiendo a su reencuentro, a la llamada de esa líder silenciosa y paciente.

En los últimos años, esa abuela trabajadora, esforzada y activa había ido perdiendo progresivamente toda la fuerza que la caracterizó. Hecha a la idea de la retirada, su llama se había ido poco a poco apagando. Y en su adiós, ya ingresada en un hospital de Miranda de Ebro, donde vivió la mitad de su vida, ni siquiera se notó el suspiro final. Se fue sin molestar, sin hacer ruido. Se fue escuchando. Como siempre hizo.

¡Hasta siempre abuela!

2 replies »

  1. Una gran carta primo, sobre todo en su parte final donde relatas que la abuela se marhó escuchando. Así se describe muy bien cómo ha sido nuestra abuela.

    Cuidate mucho, espero verte pronto. Germán

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  2. Un abrazo primo. Creo que la abuela vivió bastante contenta su vida, así que eso debe alegrarnos. Te envio un fuerte abrazo desde la India. A ver si la próxima vez que me pase por Madrid nos vemos! Si te animas a venir por aquí, siempre tienes la puerta de mi casa abierta. Cuídate!

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